1368704265_0HACIA LA OTRA CIUDAD

 

Melissa Méndez, Bruno Aguilera y Susana Ríos están viajando de Sahagún (León) a Gijón, en tres coches distintos. Sólo les une su relación de “conocidos del pueblo”, en principio.

Melissa es la que va en cabeza. Bruno va en segundo lugar, acompañado, y en último, y también con compañía, va Susana.

La primera se ha escapado de casa. Literalmente. A sus diecinueve años, está harta de seguir las órdenes de sus padres día tras día y de ser la hija única perfecta y obediente. Acaba de terminar su primer año de universidad. Derecho, cómo no, la carrera elegida por sus padres. Melissa ya está harta de seguir sus normas, y ha decidido que este verano les va a dar un escarmiento. Por eso, aquella tarde, justo después de comer, aprovechando la siesta de sus padres, ha sacado la maleta que tenía desde hacía días escondida en su habitación, ha puesto la L en el coche de su padre –pues hace menos de un año que se sacó el carnet de conducir-, y se ha ido sin decir adiós. En Gijón, planea reunirse con su novio Cristian, que tiene familia allí y que está pasando unos días de vacaciones. Va a darle una sorpresa apareciendo en la ciudad, y espera pasar con él unos días románticos. De paso, también quiere que sus padres se den cuenta de que necesita más espacio e independencia.

Por su parte, cuando Bruno dijo en casa que quería hacer una escapada a Gijón, su madre aceptó con una condición: que se llevara con él a su hermanastro Víctor. A cambio de eso, le dejaría su coche. Bruno tiene veinte años y estudia Filología Inglesa. Ya se cree todo un hombre, por eso choca mucho con Víctor, que tiene catorce, y que es el hijo del futuro marido de su madre.

-¿Tienes que estar de morros todo el día? –al volante, Bruno se queja de la cara de pocos amigos del copiloto.

-Sé que no te caigo bien, así que corta el rollo –Víctor es todo un adolescente incomprendido.

-Víctor, tenemos edades diferentes, estamos en momentos vitales distintos… Pero tenemos que adaptarnos el uno al otro. Tu padre va a casarse con mi madre, vamos a ser hermanos o algo así, y es mejor que nos llevemos bien.

-Te crees mucho más maduro que yo, y tampoco me llevas tantos años.

-¡Dios! ¿Por qué tienes que estar siempre a la defensiva?

-Deberías haber hecho este viaje con tu amiga Silvia. Con ella sí que te llevas bien. Conmigo vienes obligado.

-A ver, para empezar, claro que adoro a Silvia. Es mi mejor amiga. Ella me animó a hacer este viaje. Pero está castigada de por vida. Este curso ha sido una vaga, y sus padres no la dejan salir de casa. Más le vale estudiar para septiembre.

-Tampoco me has dicho por qué estamos yendo a Gijón.

-Ay, pues porque es una ciudad maravillosa, Víctor. Una vez leí en algún sitio que la llamaban “la otra ciudad”, pero no recuerdo muy bien el motivo. No sé si era bueno o malo, pero a mí me encanta y vamos a pasar unos días geniales allí. Y ahora, vamos a poner algo de música –Bruno enciende la radio, y empieza a sonar el tema “Into the Groove”, de Madonna.

-Esto es de hace mil años –se queja Víctor.

-Los adolescentes de ahora no tenéis ni idea de música. Esto es lo mejor –sonríe y canturrea la canción Bruno.

Un poco detrás, la periodista leonesa Susana Ríos también lidia con su copiloto, la particular Edén. En el coche tienen puesta la misma emisora de radio, y también suena la canción de Madonna.

-Edén, no haces más que preguntarme cosas. Sé que sueñas con ser periodista, pero… ¿No podrías relajarte un poco?

-Susana, no me entiendes. Acabo de repetir segundo de bachillerato. Me voy a morir de aburrimiento en Sahagún. Necesito aventuras, emociones fuertes. Me encantaría tener una vida como la tuya.

-¿Cómo la mía? Sí, trabajo en un buen periódico, pero tienes endiosada la profesión. Tengo una jefa: Bárbara. Rubia, estupenda, glamourosa, no como yo, claro… Pero es una mandona. Ella es la diosa de la redacción, la que toma todas las decisiones, yo no soy nadie… Ahora le ha dado por las historias humanas…

-¿Es por eso que estamos siguiendo a esta chica?

-Sí, hija, sí. Resulta que la madre de Melissa es amiga de la mía, y hoy me ha llamado desesperada, diciéndome que su hija había desaparecido, que si yo podía ayudarla… Y bueno, después de comer me he presentado allí, la he explicado que soy periodista, no detective… Pero la mujer estaba fuera de sí, está convencida de que su hija se ha fugado, y eso que sólo debe llevar una hora fuera de casa, pero claro, ella dice que su hija jamás coge el coche de su padre sin permiso, que esto es muy raro… Y entonces pensé que sería el tipo de historia que le encantaría a mi jefa.

-Y entonces aparecí yo. Y gracias a mí sabemos que va en dirección Gijón.

-Me has dado tanto la paliza desde que me pillaste hablando con la mujer que no me ha quedado más remedio que dejar que me acompañaras.

-¡Te he dado la paliza porque sé que puedo ayudarte! Sé algunos cotilleos de ella, de su novio, y estoy segura al cien por cien que van a encontrarse en Gijón.

-Más te vale que sea así. Y mantengo lo de que deberías relajarte. Tengo el doble de años que tú… El otro día escuché tu programa de radio, el que haces en la emisora local… ¿Cómo se te ocurrió obligar a Sonsoles, la señora de la limpieza, a ser tu invitada?

-Mi invitado falló, ¿vale? Necesitaba cubrir la hora con alguien.

-¡Pero si la hiciste cantar y todo!

Mientras tanto, Melissa está pasando la frontera León-Asturias. El paisaje es envidiable: montañas y verde por doquier. El sol ilumina la escena. Pero su coche empieza a fallar, y a echar humo por el capó. Se pone de los nervios, y pronto se ve en la cuneta, sin saber que está pasando ni cómo solucionar el problema.

Sólo unos metros más atrás, Bruno y Víctor se sobresaltan ante un ruido. Bruno, nervioso, intuye que han pasado por encima de algún tipo de cristal o escombro, y que se ha pinchado alguna de las ruedas. Logran llegar a un área de servicio, y allí comprueban que dos de las ruedas del coche se han pinchado. Al principio, Bruno se echa las manos a la cabeza, pero luego recapacita:

-Lo mejor será que solucionemos lo de las ruedas, que hagamos noche aquí y que retomemos el viaje mañana. ¡Y no, no me pongas esa cara! Tampoco es el sueño de mi vida pasar la noche contigo en un motel de carretera.

Bruno suspira, y el adolescente sigue enfurruñado.

Dos horas más tarde, Susana y Edén paran a tomar café en un bar, y se llevan una muy grata sorpresa al encontrarse a Melissa sola, al fondo del local, tomando un café.

-¡Susana! ¡Susana! ¿Has visto quién está allí? ¡Nos ha tocado la lotería! –cuchichea Edén.

-¿Esa es la chica? –pregunta Susana. Edén asiente. –Tengo que llamar ahora mismo a su madre.

-Espera un momento. Acerquémonos y saquémosla información. ¿Quieres un buen artículo o no?

Susana decide hacer caso a la ambiciosa adolescente. Se acercan a Melissa, que pronto las reconoce del pueblo. Ella omite el hecho de que se ha escapado de casa, y les cuenta que su coche se lo ha tenido que llevar la grúa, y que se plantea continuar su viaje en autobús. Susana se ofrece a llevarla hasta Gijón. Melissa acepta, no sabe qué es carne de artículo. Edén, por su parte, está encantada con el teatro que se ha montado, pues se siente como una verdadera periodista de investigación. Al rato, las tres ponen rumbo a Gijón. En el camino, Melissa les confiesa que quiere dar una sorpresa a su novio, y que le llamará al día siguiente. Esa noche, las tres cenan juntas al llegar a la ciudad y después duermen en una pensión situada en el centro. Melissa está emocionada, ha logrado parte de su objetivo: llegar a Gijón, por lo que se alegra de haber encontrado a las chicas. Edén sigue encantada, pero Susana no tanto. Melissa le parece una chica encantadora, le recuerda a sí misma de joven y se está sintiendo mal al no ser del todo sincera con ella. Todo por un artículo. A escondidas, ha escrito a su madre para tranquilizarla. Una vez que la madre de Melissa sabe que su hija está bien, pasa de la preocupación al enfado. Le parece fatal que su hija haya hecho semejante locura.

Esa noche, Bruno y Víctor comparten cama de matrimonio en la habitación de un hotel de carretera.

-Lo siento, me han dicho que no les quedaban habitaciones dobles… -se excusa Bruno ante su hermanastro.

Víctor aprovecha que Bruno va a la ducha para revisar su móvil. Intuye que le está ocultando cosas y quiere saber la verdad. En el móvil ve imágenes de un chico rubio, y acaba encontrando una en la que Bruno se besa con ese mismo chico. Al oír cómo se abre la puerta del baño, deja el teléfono en el mismo sitio donde estaba. Bruno no se sorprende al verle con cara rara. Sale de la ducha con el pijama puesto y está terminando de secarse el pelo con una toalla.

-Hijo, podrías sonreír en algún momento.

-¿Apagamos las luces ya? –sugiere el adolescente.

-Está bien –se resigna ante su actitud cortante.

A la mañana siguiente, Bruno se despierta con una imagen sospechosa. Ve que su compañero ha dormido al filo de la cama. Piensa que puede ser casualidad, pero por lo arisco que está siempre con él, más bien parece que ha querido estar lo más alejado posible. Cuando le despierta para que se pongan en camino, Víctor se levanta sobresaltado. Su hermanastro ve más que evidente que no está a gusto con él. Durante el desayuno, apenas le dirige la palabra. Tampoco lo hace cuando recogen el coche del taller, ya con las ruedas nuevas puestas, y se disponen a seguir su ruta. Pero Bruno se cansa del silencio, y en un momento de ofuscación, para el coche y le planta cara.

-¿Me vas a decir qué coño te pasa conmigo?

-Dímelo tú. Me has mentido.

-¿En qué te he mentido?

-No me has dicho que eras gay.

-Nunca me lo preguntaste. ¿Es ese el problema?

-No quiero estar de “sujetavelas” contigo y con él en Gijón.

-¡Pero bueno! ¿Has mirado mi móvil? No me lo puedo creer… No es mi novio, ¿vale? Tenemos una relación complicada, en realidad, él está con una chica, pero… quiere estar conmigo, así que va a dejarla, o eso espero. Tengo que hablar con él, por eso estamos yendo a Gijón. Está allí pasando unos días en casa de su familia, y voy a darle una sorpresa. Siento no haberte dicho toda la verdad sobre el motivo de mi viaje, pero, Víctor, no tenemos tanta confianza. No me lo pones fácil.

-¡Eres tú quien no me tiene en cuenta! No me haces ni caso, me ves como un niño.

-¡Pues dame la oportunidad de conocerte! Siempre que nos vemos tienes cara de mal humor. No puedo ser tu amigo si no me dejas, y si encima te escandalizas porque sea gay, en pleno siglo veintiuno.

-¡Me da igual que seas gay!

-¡Menos mal!

Los dos permanecen en silencio durante un momento. Finalmente, Bruno toma un tono conciliador:

-Víctor, quiero que seamos amigos, pero tú también tienes que esforzarte. Y ya que estás aquí, venir conmigo a Gijón. Nos lo podemos pasar muy bien. Y a partir de ahora, te vas a dejar de caras raras y me vas a hablar de ti, ¿de acuerdo?

Por fin, Víctor esboza una sonrisa. Bruno arranca el coche y prosiguen su viaje.

Susana, Edén y Melissa desayunan juntas en una cafetería cercana a la pensión en la que han dormido la noche anterior. Hacen un equipo curioso: Susana, treintañera, rellenita, y con desparpajo. Edén, muy bajita, con gafas de culo de vaso, ella misma se define como “una rata de biblioteca” a la que le encantan los libros pero no el instituto. Y Melissa, tan radiante y estilosa que parece sacada de una revista de cine.

Edén ha estado tomando notas. Sueña con ser una gran periodista, y confía en que Susana ponga su nombre como colaboradora especial cuando termine el artículo.

-Voy al baño un momento, chicas –se levanta de la mesa Susana.

-Qué raro, Cristian no me coge el teléfono… -se preocupa Melissa, dejando el móvil sobre la mesa y volviendo a su café.

-Interesante… -se le escapa a Edén, que saca de su mochila el cuaderno en el que está tomando notas sobre Melissa.

-¿Qué escribes? –pregunta ella.

-Nada, bobadas mías… -escribe algo rápido y guarda el cuaderno de nuevo.

Susana sale del baño y se dirige a la barra.

-Edén, ¿puedes venir un momento? Vamos a pagar la cuenta. Descuida, Melissa, tú estás invitada.

-Vaya, gracias, no hacía falta… -responde ella desde el sitio.

Se queda en la mesa, y Edén va al encuentro de Susana. Habla una vez que Melissa no puede oírlas.

-No te lo vas a creer, su novio no le contesta el teléfono.

-Edén, deja de investigar por un momento. Creo que debemos hablar con ella. No me estoy sintiendo cómoda con esto y…

-¡Venga ya, Susana, hay que llegar al final de este asunto! Tenemos que saber qué pasa con el maldito Cristian.

-¿Podéis explicarme qué es esto? –Melissa las interrumpe. El último gesto de Edén le ha parecido extraño, y movida por la curiosidad ha abierto su mochila y ha leído algunas partes del cuaderno.

-Melissa, yo… -Susana está descolorida.

-¿Mi madre os dijo que me siguierais? No me lo puedo creer… ¿Pero qué mierda es esta? ¡Y yo que pensaba que me estabais haciendo un favor! ¿Y tú de qué vas, Edén? ¡Pero si ni siquiera has terminado el instituto!

-¡Espero acabarlo en septiembre!

-Iros las dos a la mierda –sentencia Melissa, y empieza a recoger sus cosas.

-Melissa, espera, hablemos un segundo… Tus padres han estado muy preocupados y… -Susana trata de detenerla sin éxito.

-Ellos también pueden irse a la mierda. ¿Por qué no les decís que aprendan a respetarme y a dejar de controlarme tanto? ¡Ya soy mayor de edad, joder! Ah, y espero que hagáis un buen artículo sobre mí… Pero da igual, nadie va a leer vuestras mierdas –enfadada, se va, dejando a Susana boquiabierta y a toda la cafetería de Gijón contemplando la escena.

-Qué difícil es ser adolescente, ¿verdad? –rompe el silencio Edén. –Me pregunto si alguna vez dejamos de ser adolescentes.

-Podrías callarte un poco, ¿no? –Susana la corta, enfadada con la situación.

Entre tanto, Bruno y Víctor han llegado a Gijón. Tras encontrar aparcamiento, pasean por la ciudad.

-Qué raro… No responde a mis llamadas –dice Bruno mirando el móvil.

-¿El chico rubio con el que estás?

-Se llama Cristian.

-A ver, es que tenías que haberle avisado de que venías… Eso de dar sorpresas a veces puede salir mal… -reflexiona Víctor.

-Sabrás tú mucho de eso a los catorce… No te enfades, es broma. ¡Dios mío!

-¿Qué?

-¿Estás viendo ese cartel?

-Sí. ¿El de fiesta noventera en la discoteca Los Ángeles?

-¡Ese! ¡Es esta noche! Cristian ama la música de los noventa, igual que yo. Seguro que va, así que le daremos una sorpresa. Si alguien te pregunta, dirás que tienes dieciocho años, ¿de acuerdo?

Víctor ve que no tiene opción de elegir, y que su hermanastro va a disfrazarle con vestimenta de esa década.

Melissa, por su parte, deambula por el paseo marítimo de Gijón, triste y desubicada. Se pregunta por qué Cristian no contesta a sus llamadas. La playa de San Lorenzo está a rebosar de gente, hace un día precioso y todo el mundo parece estar contento y disfrutando del verano… excepto ella.

De pronto, ve el mismo cartel que horas antes han visto Bruno y Víctor, y piensa en voz alta exactamente lo mismo:

-Seguro que Cristian irá allí esta noche.

Una hora más tarde, Susana y Edén toman café en una terraza cercana al Ayuntamiento de Gijón.

-¡Nos ha llamado malas periodistas! –se queja Edén.

-Es normal que Melissa esté enfadada. La debemos una disculpa… Hablé con su madre un par de veces por teléfono… Y la verdad es que entiendo a la chica… ¡Esa mujer es una neurótica! Una vez que se ha enterado de que su hija estaba bien, se ha puesto en plan digna y orgullosa. “Si no quiere volver a casa, que no vuelva” me dijo. Y luego hace cosas extrañas para ocupar su tiempo. Esta mañana me dijo que había ido al instituto para preguntar si algún alumno extranjero necesitaba clases de español.

-La madre de Melissa en el fondo es una buena mujer… ¿Por cierto, te gustan los noventa?

-A mí sí. Tú aún ni habías nacido…

-¡Claro que había nacido! Acabo de ver un cartel que puede que nos interese…

La noche llega, y la fiesta noventera arranca en la discoteca Los Ángeles, situada muy cerca de la playa de San Lorenzo. La canción “Gypsy Woman (She’s Homeless)”, de Crystal Waters, suena a alto volumen en el local, iluminado por una gran bola de cristal. Melissa aparece caracterizada como la Alicia Silverstone de la película “Fuera de onda”. Al portero se le cae la baba con ella, y aprovechando esa tesitura, Bruno y Víctor se cuelan en el recinto. Mientras el primero lleva un look a lo George Michael, el segundo va con ropa ancha y una boina que le tapa un poco la cara.

-¿En serio tengo que llevar esto todo el rato?

-Víctor, eres alto y eso disimula tus pocos años, pero como te vean esa cara de yogurín, vas a levantar sospechas, así que quédate con la boina puesta.

-¿Me vas a dejar beber alcohol?

-¡Ni lo sueñes!

Melissa logra librarse del portero y entra al local. Busca a Cristian entre la muchedumbre caracterizada de los noventa. Lo encuentra en el centro de la pista, besándose con un chico. Se queda paralizada por un momento.

En el lado opuesto de la discoteca, Víctor avisa a su hermanastro de lo que está sucediendo.

-¡Bruno! ¿No es ese el chico que estás buscando? –le señala.

-No puede ser –observa cómo Cristian le está engañando con otro hombre.

Susana y Edén hacen su entrada en la discoteca, ambas con pelucas de pelo afroamericano y pantalones de campana.

-Este look es más de los setenta que de los noventa… -se queja Susana.

-¡Te he dicho que mola! ¡Hazme caso, por una vez! –Edén está encantada con su disfraz.

Melissa se aproxima a Cristian y a su ligue. Conteniendo su rabia, toca a Cristian en la espalda, haciendo que este pare y se gire. Se queda blanco cuando la ve y no es capaz de decir nada. Melissa se adelanta y le pega un bofetón.

-Quería darte una sorpresa, pero veo que la sorpresa me la tenías guardada tú a mí.

-Melissa, lo siento mucho…

-Adiós, Cristian –dolida, se va de la discoteca.

Bruno y Víctor van hacia él.

-Sobra decir que conmigo también has terminado, imbécil –suelta Bruno.

-¿Pero qué estáis haciendo todos aquí? -Cristian se queda perplejo, igual que su ligue.

-Quizá necesitábamos hacer un viaje para darnos cuenta de cómo eres realmente… O de cómo somos nosotros realmente. Víctor, vámonos.

Víctor y Bruno se van, dejando descolocados a Cristian y a su ligue. Susana y Edén salen corriendo detrás de Melissa. Caracterizadas de los noventa como están, la escena no puede ser más rocambolesca.

-¡Melissa! ¡Espera! ¡Hemos visto lo que ha pasado ahí dentro! –Edén trata de alcanzarla, por el paseo marítimo, a la salida de la discoteca.

-¿Esto también vais a ponerlo en vuestra mierda de artículo? –Melissa está llorando, enfadada.

-Olvídate ya del artículo. Sí, empezamos a seguirte porque íbamos buscando “una historia humana”, pero no voy a publicar nada si no quieres. Sé que necesitabas hacer este viaje, sé que estás harta de que tus padres te controlen y sé que ahora te has llevado una decepción terrible –Susana logra que Melissa se pare y la escuche.

-¿Acaso alguno de tus novios te ha engañado con un hombre?

-Sinceramente, no me extrañaría.

Edén empieza a reírse ante el comentario de Susana, contagiándole la risa a ella y finalmente, a Melissa.

-¿Por qué no bajamos y disfrutamos de esta fiesta? Y a ese imbécil ni le miramos. Mañana volvemos hacia Sahagún, y recogemos tu coche –propone Susana.

Melissa finalmente cede, y sonríe más tranquila. Cuando van a volver a la discoteca, se encuentran con Bruno y Víctor.

-¿Está todo el pueblo en Gijón  o qué? –dice Edén.

-¿Volvéis a la fiesta? –pregunta Víctor.

Es así como los cinco vuelven a la fiesta noventera, en la que ya no hay rastro de Cristian ni de su ligue. Ahora suena “What Is Love”, de Haddaway. Melissa, Edén y Susana bailan como locas.

-Edén, ¿por qué te llamaron así? –pregunta Melissa entre risas, ya con una copa en la mano.

-Porque estar conmigo es como estar en el paraíso, nena.

-¿Estás intentando ligar conmigo? –Melissa se ríe.

-Yo voy a por otra copa –Susana va a la barra.

Bruno y Víctor bailan cerca de ellas.

-¿Sabes qué? Este viaje está siendo muy chulo –confiesa Víctor.

-¿Es la primera vez que estás en una discoteca, verdad?

-Sí. Quizá no esté tan mal tener un hermanastro.

Bruno le sonríe. Una atractiva chica morena se acerca a saludar.

-¡Bruno! ¿Qué haces aquí?

-¿Judit Baños?

-La misma.

-¿Desde cuándo vives aquí?

-¡Desde hace tiempo! Gijón es lo más… ¡Hace mucho que no me llamas! ¿Y este niño que te acompaña quién es? No tienes remedio, cada vez te gustan más jóvenes…

-Soy Víctor, su hermano pequeño –la saluda él.

Bruno se queda sorprendido al escuchar la palabra “hermano”. Los dos se sonríen.

-Bueno, familia, ¿me dejáis entonces invitaros a una copa? –propone Judit contenta. Los chicos no dudan y brindan con ella en la barra.

En la discoteca termina de sonar “What is love” y empieza “I’m every woman”, de Whitney Houston.

Susana, la mayor del grupo, disfruta de su copa en la barra mientras ve, por un lado a Melissa y Edén hacerse amigas, y por otro, a Bruno y Víctor de risas con su amiga Judit. Se siente contenta. Parece que se han metido en un túnel del tiempo y que, tal y como la fiesta prometía, están en los noventa. Ella era adolescente en aquella década, y la nostalgia la está invadiendo. Qué bonita era esa época en la que los amores y desamores se vivían con tanta intensidad, y en la que los mayores problemas eran las broncas de los padres o los exámenes. ¿Volvería a ella? Susana no sabe muy bien qué responder. Piensa que si al final escribe ese artículo, utilizará algo que le dijo Edén el día anterior: “Qué difícil es ser adolescente. Me pregunto si alguna vez dejamos de serlo.”

Susana sabe que la edad adulta es necesaria y agradecida en algunos aspectos, pero viendo a todos aquellos adolescentes divirtiéndose, con la música de Whitney de fondo, piensa que se está muy bien allí, y que no se quiere ir.

 

FIN

Os dije que hablaríamos en septiembre. Y aquí estoy. Hoy, viene a mi cabeza que…

…Nunca olvidaré el mes de octubre de 2012. Mes en el que cumplía un sueño: hacer el camino de Santiago.

Cinco en el caminoDos años después, vuelvo a revivirlo todo con el fin de dar más autenticidad y “más magia” a la novela en la que llevo meses inmerso. Confieso que el verano ha sido para descansar… Mis dos peregrinos y yo necesitábamos un respiro. Las cosas necesitan reposar.

El 23 de octubre de 2014 hará dos años que llegué a Santiago, acompañado en la recta final por mi querida prima, Montse. Fue un día precioso. Hoy, sigue habiendo muchos retos que lograr, muchos “Santiagos” a los que llegar. Pero como me dijo la actriz Carmen San Esteban… “Yo ya he perdido la prisa”. Y ojo, no lo dijo desanimada, sino todo lo contrario. Sin dormirse en los laureles, hay que saber que no por madrugar antes amanece más temprano. Tenemos que respirar más, e ir “etapa” a “etapa” en el camino, o como dice mi madre (y ahora también mi amiga Andrea), “saltar las vallas de una en una”.

¿Qué estaré haciendo el mes que viene, el 23 de octubre? Espero que celebrar mi segundo aniversario de llegada a Santiago, de la mejor manera posible: escribiendo la historia que me inspiró aquella aventura.Puentes que cruzar...

Hoy, 14 de septiembre de 2014, me encuentro en un Melgar de Arriba (mi pueblo) lluvioso, en uno de esos domingos nostálgicos y melancólicos de los que a mí me gustan, y de los que tiene todo el mundo. Sí, manta y sofá, y helado, y quizás peli romántica… Esos domingos…

Y me encuentro, como no, añorando el camino… Mi camino. Ese que hice solo, un mes de octubre. Un camino en el que me reí mucho, y también me emocioné… Pensando en “chorradas” y en algunas “no-tan-chorradas”.

Es un placer recordar todo aquello. Y ¿quién sabe? Quizás tras la re-escritura y corrección de la novela, mi historia real como peregrino necesite segunda parte… Desde luego, me encantaría… Un nuevo camino.

De nuevo, morenoMe da la impresión de que me repito. Siempre estoy necesitando un respiro, un tiempo para pensar… Pero es que, ahora, más que nunca, es verdad.

Una gran amiga nos ha dicho adiós, antes de tiempo… Y tras esta gran perdida, se supone que hay que seguir para delante. Es lo que ella hubiese querido.

Odio decir esto, pero es verdad que todo tiene solución, salvo la muerte. Pero aún con todo, nos seguimos dejando amargar por las chorradas cotidianas. En mi caso, por un par de proyectos que no acaban de salir y por algunos fantasmas del pasado y del presente.

Hoy, que termina el mes, me vais a permitir que haga mío eso que decía Scarlett O’Hara, “Ya lo pensaré mañana”. 

Scarlett O'HaraYa no hago planes, solo unos pocos. Veremos que nos depara septiembre. Ahí volveré a escribir, volveré a estar con Juan y Marc… Y reanudaremos la marcha.

Muy al loro, que sigo con las presentaciones de “El hombre que tú necesitas”, ¿aún no tienes tu ejemplar? 

https://www.facebook.com/elhombrequetunecesitas 

No diré más. Me guardo lo de escribir para septiembre.

Entonces, hablaremos, nos leeremos, y quizá, nos entenderemos.

Donosti - Dos peregrinosA veces me da la impresión de que la vida juega con nosotros. No creo que todo esté escrito, pero sí creo que dentro de nuestra -en ocasiones- rutinaria y convencional vida, hay fechas clave, y acontecimientos que tenían que suceder, aunque las circunstancias no nos advirtiesen antes.

Algo así le ocurrió a Juan en el verano de 2012. Iñaki tenía que aparecer. Los dos tenían que cruzarse. Lo que no estaba tan claro era que luego iban a tener que decirse adiós (más por Iñaki que por Juan).

Las despedidas nunca son fáciles. ¿Podría el Camino de Santiago poner en orden el corazón del caótico Juan?

Años más tarde, y aún tratando de tranquilizarse y reconciliarse con su pasado, Juan observó algo curioso… En febrero de 2014, se enteró de que la catedral de Santiago de Compostela estaba en obras. Al parecer, estaban arreglando la fachada.

Juan no le dio más importancia, hasta que, meses después, se enteró de algo más. En julio de ese mismo año, en Donosti, en la subida al monte Urgull, también se hicieron obras. Aquel era uno de sus lugares preferidos, y que, inevitablemente, le recordaba a Iñaki. En invierno de aquel año, las lluvias y el agresivo clima deterioraron fuertemente algunas partes de la ciudad vasca.Santiago - Dos peregrinos

Juan no pudo evitar ver todo aquello como una metáfora. En la película “Come, reza, ama”, el personaje de Julia Roberts decía que “las ruinas eran el camino a la transformación”. ¿Y las obras? Se supone que se hacen para mejorar algo, ¿no? O quizá para subsanar algo que se ha deteriorado, como era el caso de Donosti, por culpa de las fuertes tormentas acontecidas durante el invierno.

Tal vez esas obras también “tenían que ocurrir”. Las tormentas habían terminado, y Juan sabía que, tarde o temprano, la catedral de Santiago de Compostela se repararía, apartando a un lado los andamios y dejando libre su hermosa fachada. Al igual que la subida al monte Urgull en Donosti, que en algún momento, también diría adiós a los arreglos.

A Juan le costaba verlo, pero muy en el fondo, sabía que, como esos dos mágicos lugares (tan especiales para él), su corazón y su mente, también terminarían con las obras. Algún día.

Juan y Marc, de la novela, “Dos peregrinos”, tienen que esperar un tiempecito hasta que vuelva a encontrarme con ellos. Ya hay un segundo borrador (primero a ordenador) preparado, que hay que revisar y corregir… Pero calma, que tarde o temprano, verá la luz.

Lo que ocupa ahora toda la atención de un servidor, es la publicación de mi primer trabajo literario, “El hombre que tú necesitas”, una obra de teatro dividida en tres actos, y que cuenta los años más importantes de la vida del joven Lázaro, un chico que desea encontrar el amor, pero descubrirá que, antes de eso, debe encontrarse a sí mismo. Más información en la página de facebook de la obra:

https://www.facebook.com/elhombrequetunecesitas

El hombre que tú necesitas

Desde el pasado lunes 23, el libro está a la venta. ¿Cómo podéis conseguirlo? Muy sencillo.

En VALLADOLID:

-Librería A Pie de Página (c/Librerías, 13).

-Librería Oletvm (c/San Felipe, s/n).

-Café and Chocolat and Copas (c/Galera, 7).

En MADRID:

-Librería Berkana (c/Hortaleza, 64)

En LOGROÑO:

-Librería La Plaquette (venta online)

En SAHAGÚN (LEÓN):

-Librería Luna (Avda. Constitución, 63).

Si vivís en otra ciudad de España, no hay problema. A través de las webs de las distintas librerías, se puede comprar el libro online y en un par de días lo recibiréis en vuestra casa:

http://www.oletum.com/libro/el-hombre-que-tu-necesitas_453093

http://www.libreriaberkana.com/libros/el-hombre-que-tu-necesitas/978-84-9076-234-9/

http://laplaquette.prestabox.com/es/640-el-hombre-que-tu-necesitas.html

http://editorialcirculorojo.com/el-hombre-que-tu-necesitas/

 

Todo esto por un lado, por otro, os invito a las distintas presentaciones: Jesús Barrio Caamaño, dramaturgo y escritor

-Lunes 30 de junio. Librería A pie de página (Valladolid). 20:00 h.

-Jueves 3 de julio. Café and Chocolat and Copas (Valladolid). Lectura dramatizada con la actriz SHEYLA NIÑO. 20:00 h.

-Viernes 4 de julio. Biblioteca pública -Casa de Cultura-. Sahagún (León). 21:00 h.

En estos tres eventos habrá venta y firma de ejemplares.

 

Pues ya está, espero que apostéis por esta epopeya moderna que es “El hombre que tú necesitas”. Muchas gracias a tod@s y ojalá disfrutéis de esta historia tanto como yo lo he hecho escribiéndola.

Cumplí mi palabra, y en este mes de mayo, he adelantado mucho trabajo de mis “Dos peregrinos”. Aún queda mucho para que Juan y Marc vean la luz, pero la historia sigue adelante. Al final ellos llegarán a Santiago, y el libro, a vuestras manos.

Hace poco, una querida amiga y consejera, Estela Algaba, me dijo una verdad como una catedral (nunca mejor dicho, hablando de Santiago): “Para ser escritor, hacen falta toneladas de paciencia”. Es cierto, o al menos, si quieres escribir algo decente, y coherente.

Por eso, voy paso a paso con la que será mi segunda obra (pero primera novela).

Como adelanto, quiero presentaros a uno de los personajes más carismáticos de “Dos peregrinos”.  Se trata de India.IMG-20140526-WA0009

India es una joven de veinticinco años, que deja un trabajo con el que no estaba contenta y se dispone a hacer el Camino de Santiago desde su ciudad, León.  Lo que más le gusta en el mundo es comer, y no se privará de ello durante esta aventura.

Así la conocerán Juan y Marc, poniéndose morada a mantecados en una cafetería-pastelería de Astorga.

Sin embargo, India es mucho más que una apasionada de la gastronomía, y sin desvelar mucho más de la historia, diré que se trata de una chica divertida, desenfadada, optimista, y trata de ver “el camino” con humor. India será en algunos momentos, el contrapunto de Juan (que en más de una ocasión estará al borde de un ataque de nervios en esta aventura), y tratará de animarle, e invitarle a tomarse la vida menos en serio.

Seguro que India os cautiva, cuando leáis “Dos peregrinos”. Mi gran amiga, la actriz Carmen González Oveja, será la encargada de dar vida a esta joven si la historia se lleva al cine (o al teatro). Gracias a ella, podéis poner cara a la que será sin duda uno de los personajes más memorables de la novela.India relajándose :)

Os dejo con algunos de sus mejores momentos:

-Mis padres viajaron mucho… De ahí que me llame India –dijo, saboreando la comida, entre risas. –Pero a ver, que me desvío del tema… Lo que te decía: cuando en el trabajo no me dieron aquella oportunidad de ir a Rusia, les dije: “¡Que os follen, ya me iré con el imserso si hace falta!”. Y mira, al final no me fui a Rusia, pero me vine a hacer el camino.

-Odio liarme con los tíos solo por liarme. La última vez que me llevé a uno a casa, ¡fue un desastre! No veía el momento en que se marchara, para poder hacerme unas patatas y ponerme a ver una serie.

-Lo que está claro, y creo que vais a estar todos de acuerdo… -se introdujo India en la conversación, esta vez sin comida en la boca y con un tono un poco más serio.- Es que la gente que hacemos el camino tenemos algo especial, un toque… Vamos, que estamos zumbados, locos de remate… ¿Cómo, si no, nos meteríamos en este lío?

 

Writing...Mientras sigo adelante con la publicación de mi primer retoño, la obra de teatro “El hombre que tú necesitas” (que espero que vea la luz en unos meses), retomo la escritura de la que será mi segunda criatura, la novela “Dos peregrinos”.

Tras una serie de líos e infortunios varios, parece que mayo será el mes adecuado para darle caña a la historia de Juan y Marc, que aún tardará mucho en estar acabada, pero bueno, hay que disfrutar del camino sin importar cuan largo sea, pues la meta sigue estando a lo lejos.

Aunque no debería daros adelantos de esta estupenda historia, no puedo resistirme, así que allá va un trocito. ¡Disfrutadlo!

 

“Al poco de conocerPeregrinos a Montse, él le había hablado de sus antiguos sueños de convertirse en escritor, y ella había insistido (como solo ella sabía hacerlo) para que Juan le pasase sus textos. Estos eran cuatro, escritos a mano, y ninguno superaba los sesenta folios por una cara. Los tres primeros eran de suspense, historias de asesinatos en las que siempre había una historia de amor entre hombres que traía terribles consecuencias. En cambio, el último, era una mezcla de comedia y drama que hablaba de dos chicos que iniciaban un romance durante un viaje de carretera. Este era el único que Juan no había logrado terminar, y el que le había hecho rendirse en su periplo como contador de historias.

A partir de ese momento, empezó a ser demasiado autocrítico consigo mismo. Pensaba que sus textos (especialmente el último) carecían de veracidad, y fue ahí cuando empezó a acusar esta falta de verdad a su poca experiencia vital con los hombres.

En la cena, Juan pensó que tenía gracia que ahora, de algún modo, se estuviese enfrentando cara a cara con aquella historia que no fue capaz de terminar de escribir. Ahora era él quién estaba a punto de empezar un viaje, y acompañado de alguien con quién, en su día, le hubiese encantado vivir un romance… Claro que Juan estaba empezando a entender que la vida no solía ser como en las novelas. Desde luego, en la que él dejó a medio escribir años atrás, no se les iban a unir al viaje un trío de religiosos… Ni había el recuerdo tan latente de un ex (Iñaki).”

CONTINUARÁ…